jueves, 4 de noviembre de 2010

La sinceridad en los negocios

Hacía un buen tiempo que no visitábamos ese excelente Restaurante Vasco. Negocio familiar, repartía al padre en la cocina, a la madre en la caja y a su hija – María - dentro del equipo de las meseras.

María nos atendió en muchas oportunidades, por lo que habíamos desarrollado una relación de simpatía. Aunque esa noche no tuvimos esa suerte, cada vez que pasaba cerca de nuestra mesa – corriendo y cargada de platos -, María nos saludaba con una cálida y cómplice mirada.

Avanzada la noche, terminamos nuestros platos y decidimos – por primera vez – pedir algo de postre. Ya con menos gente en el Restaurante, María encontró algo de tiempo para acercarse a nuestra mesa a saludarnos. Felices le comentamos sobre lo bueno de su cocina, y que por primera vez estábamos listos para probar uno de los postres de su carta.

“¿Qué postre pidieron?” nos preguntó. Cuando le contestamos, nos quedamos sorprendidos con su respuesta: “Uh.. ese postre no me gusta. ¡Es el que peor nos sale!”. La sinceridad y frescura con la que nos hizo ese comentario desató una risotada en la mesa. ¡Si hasta por complicidad con su padre, sentíamos ganas de decirle que seguramente no sería tan malo!


Además de su sonrisa y frescura, María como “vendedora” nos proyectó una fuerte sensación de confianza. El mensaje “¡Ese es el que peor nos sale!” mostró su autocrítica y su percepción de contraste entre los distintos platos. Sus productos no son “todos iguales”. No hacen “todo bien”. ¿Quién se negaría a futuro a probar algo que recomienda María?

Cuantas veces nos encontramos en Restaurantes en los que ante la búsqueda de una recomendación, el mesero responde “Son todos ricos”, emparejando todos sus platos en una aburrida mediocridad. Si no hay contrastes no hay pasión. Si no existe pasión, no hay motor para la búsqueda de la excelencia, y el mensaje que transmiten es totalmente opuesto al que desean cuando dicen “hacemos todo igual de bien”. Resulta natural extrapolar este ejemplo a todo tipo de negocios.

Muchas gracias María por esa fresca lección de sinceridad en los negocios, que muestra cómo se construye una relación de confianza, importante para vender un buen postre , pero indispensable para quienes vendemos intangibles, en donde la confianza es la base de nuestro negocio.

¡Ah, María, el postre que pedimos, finalmente… no era tan malo! ;-)